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Shakira hizo vibrar a más de 8.000 fans en Santander

Su actuación en el Palacio de Deportes, éxito total

El torbellino Shakira ejerció anoche de maestra de ceremonias de una fiesta intensa, divertida y contagiosa. Sumamente contagiosa, porque las 8.000 personas que llenaron el Palacio de Deportes se sumaron a la invitación lanzada desde el escenario por la estrella colombiana, que cantó, bailó, tocó la guitarra, la armónica, marcó sus envidiadas caderas... En definitiva, hizo que el lunes fuera un día de fiesta.

Shakira había prometido hacer un recorrido por sus principales temas, con paradas obligadas en canciones míticas que han dado forma a sus discos ‘¿Donde están los ladrones?', ‘Servicio de lavandería', ‘Pies descalzos' y ‘Fijación oral'. Y cumplió su palabra. Explosiva, sensual, arrebatadora, hipnótica, con una imagen totalmente diferente a la que se pudo observar en el aeropuerto de Parayas horas antes, la cantautora se hace grande encima del escenario, siendo el centro de atención. Sus apenas 150 centímetros de estatura se convierten en un torrente gigante de movimientos, sensaciones, insinuaciones y guiños. Pero también es capaz de mostrarse tímida, frágil, sentimental, cuando la canción lo requiere.
Y es que hay personas cuyo destino parece marcado desde el propio nacimiento y ella lo es. Su padre libanés y su madre colombiana decidieron ponerle el nombre árabe de Shakira -sus apellidos son Mebarak Ripoll-, cuya traducción es «mujer llena de gracia...». Y a fe que hace honor de ello. Encima y debajo del escenario.
El público en el bolsillo
La cantante de Barranquilla, que acaba de cumplir 30 años, tiró de una vieja canción, ‘Estoy aquí', para, casi veinte minutos después de la hora fijada, poner en marcha el concierto. Toda una declaración de intenciones para caldear a un público que ya estaba de sobra calentito. No en vano, desde primera hora de la mañana ya había colas ante el Palacio, que fueron creciendo y poblándose con el paso de las horas. No importaba que fuera lunes, que hoy haya que trabajar o ir a clase... No importaba, era una cita única -incluida en la recta final del programa ‘Liébana 2007. Cantabria, tierra de júbilo'- y no había que perdérsela.
Y cuando apenas llevaba apenas un par de frases de su primera canción, Shakira, que eligió el negro y el plateado como primer vestuario, soltó aquello de «Buenas noches Santander», que acabó de rendir hasta los más escépticos. Sonriente, expresiva y seductora, con pose torera recibió el primer griterío general antes de comenzar su segundo tema. Como en el videoclip de su ‘Te dejo Madrid', la cantante se convirtió en torera y lanzó un brindis al graderío. «Gracias por la oportunidad que me habéis dado de regresar a España y cantar con ustedes. Quiero que lo pasen bien. Santander, ésta es tu noche y soy toda tuya», comentó para provocar el delirio y despejar -si es que alguien tenía duda- de que esta chica es la manzana del pecado... musical.
A continuación, cogió guitarra plateada en mano e interpretó ‘Don't bother' para poner punto y aparte a la explosiva efervescencia inicial. En ese momento, cambió de tercio y concedió a los asistentes -y a ella misma- un respiro, un toque de dulzura, tranquilidad. Sentada sobre una silla, su ‘Antología' mostró a una estrella tímida, frágil, sentimental, dulce... Extremadamente comunicativa, fue el momento en que comentó que se enamoró por primera vez a los 4 años de un chico poco mayor que ella llamado José -por desgracia, tengo que confesar que no era yo-.
Eligió una bossa nova para demostrar que su música está llena de matices culturales y que su voz no es fruto de una academia, para después marcar un nuevo rumbo al concierto. ‘Inevitable', ‘Si te vas' y ‘Tortura' -uno de los temas que comparte con Alejandro Sanz, aquí ‘sustituido' por el cubano Alberto Menéndez- despertaron de nuevo al animal que la colombiana lleva dentro y también al del público, que se movió inagotable al color de sus ritmos, su movimiento de caderas, su danza del vientre y sus contoneos e insinuaciones. Ellos también quisieron ser protagonistas. O finge muy bien o Shakira parece pasárselo en grande encima del escenario, disfruta como el que más, como si fuera su primer concierto. O el último. Y eso siempre lo agradecen los asistentes. Mira de forma juguetona a las cámaras, se mueve increíble, disfruta y conquista. Una estrella con luz propia y sumamente personal.
Muy comunicativa
Tras un pequeño receso, Shakira pasó del negro al rojo y reapareció sobre el escenario. ‘No' ofreció la cara de diablesa de la colombiana, que se convirtió poco después en ángel jugando con unas ‘alas' -también rojas-, que dejaron al público con la boca abierta. Impresionante. Se mueve como nadie y anoche nadie pudo discutirlo. Y para el siguiente tema, ‘Suerte', otro cambio de vestuario, marcando tipo. Fue uno de esos momentos en los que los hombres del graderío perdieron la cabeza. A ellos también se les acabó el argumento y la metodología ante su anatomía. Mientras, el sector femenino sintió envidia por sus seductores movimientos y forma de bailar. Sana, pero envidia. Fue el tema con el que se acercó definitivamente a su público a través de un pasillo que llegó al mismo corazón del Palacio de Deportes. A escasos centímetros del publico, se fundió con ellos en una implicación absoluta. Sabe que ella es todo gracias a su público y no cede en concesiones. Como las que hizo al recoger banderas de Colombia, la vecina Venezuela o leer una carta entregada por Oyana, una chica de la primera fila que la decía que apenas había dormido dos horas para llegar al concierto y había hecho cola durante 15 horas. El resto, prometió que lo leería antes de acostarse...
En torno al ecuador del concierto, Shakira presentó a su impecable banda, llena de grandes músicos, que son su «segunda familia». Pero no, todavía no era el momento de la despedida. Quedaba todavía mucho por delante. El siguiente episodio, toda una demostración de poderío con la interpretación de ‘La pared', sin alardes, pura esencia.
Descalza y eufórica retomó uno de sus clásicos, el evidente ‘Pies descalzos' para despertar el clamor de sus seguidores y recordarles que es imposible ser feliz sin buscar un camino para tu destino. Después ‘Ciega, sordomuda', uno de los primeros temas que la hicieron famosa hace ya unos cuantos años y en el que confiesa ser «bruta, ciega, sordomuda, torpe, traste y testaruda» por intentar conseguir un amor imposible. ¿Y quién no?
Otro descanso, también mínimo, y la sospecha de que el final se antojaba cercano. La cantante respondió al jaleo del Palacio vestida para impresionar, moviendo caderas y despertando los últimos impulsos con ‘Ojos así'. Pero, por desgracia, lo bueno también se termina. Con despliegue de medios y rozando la hora bruja de las doce de la noche, terminó el concierto. Con seis bailarinas, llenando de naranja el escenario y con su ya clásico y discotequero ‘Hips don't lie' -gracias Marta por el apunte-, Shakira, Shakira... se fue, puso el punto y final. Dejó el marco lleno de magia tras una explosión de papeles. Increíble, espléndido, aunque la gente demandaba con insistencia un poco más de una hora y cuarenta minutos de concierto. Se lo merecían. Si Shakira hubiera nacido en época griega hubiese sido considerada una diosa y en plena Semana Santa llevó al público de Santander a un paraíso con su cara de ángel. Divina.


Posted at 04/07/2007. Original article can be found here.

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